Memorias de la revolución

Entrevistas

Fernanda Soto, autora del libro "Ventanas en la Memoria: Recuerdos de la revolución en la frontera agrícola". Foto: Edwin Carcache/Conexiones

"Ventanas en la Memoria: Recuerdos de la revolución en la frontera agrícola", es una obra que recoge los testimonios de los campesinos que vivieron el triunfo de la revolución en 1990 y cómo tres décadas después aún mantienen algunos ideales. Conexiones entrevistó a su autora Fernanda Soto.

Por Ivania Álvarez | Aug 31, 2011

ivaniaalvarez@conexiones.com.ni

Recordar el pasado todavía le resulta doloroso. Los episodios de guerra, la sangre derramada, los ideales que encendieron a una sociedad y la confrontaron con su propio destino. El triunfo. Y la derrota. Y más aún, pensar que lo que para muchos no es más que una simple hoja que se ha pasado en los libros de la historia, todavía se mantiene intacto en el corazón del trabajador del campo.

Así resume Fernanda Soto Joya, el panorama que se encontró en la zona rural de Nicaragua tras explorar el sentido de la revolución popular sandinista en la población campesina tres décadas después.

Aunque Fernanda nació en Panamá, su corazón siempre ha estado en Nicaragua porque sus padres vinieron al país en 1979 para acompañar y vivir la revolución de forma activa, por eso decidió reconstruir esa parte de la historia en su obra “Ventanas en la Memoria: Recuerdos de la revolución en la frontera agrícola”. Libro construido con testimonios de los campesinos que vivieron el proceso revolucionario y el fin del mismo con la pérdida de las elecciones de Daniel Ortega en 1990.

Más de una vez, a lo largo de la conversación que Conexiones sostuvo con Fernanda, ella tuvo que secarse las lágrimas. “Ver cómo se vive en el campo y cómo vive mucha gente en condiciones de mucha pobreza. Y eso fue lo más difícil para mí: Una especie de toma de conciencia, como dirían los guerrilleros”, confiesa.   

Fernanda terminó su Maestría y Doctorado en Antropología en la Universidad Texas y sin pensarlo dos veces, decidió realizar su tesis sobre el impacto político y social de la gesta sandinista de 1979 en el sentir colectivo de la sociedad rural nicaragüense.

Radicada en Managua, y de padres hondureños, ahora más que nunca Fernanda afirma sentir vivo en el pecho ese compromiso por develar la fuerza de la llama encendida de la revolución, cuya piedra fundacional fue colocada justamente por un pequeño hombre campesino: Augusto Calderón Sandino.

Conexiones entrevistó a Fernanda para conocer más sobre su libro. A continuación la entrevista completa.

¿Qué son las memorias?

Todo se rechazaba  de ese pasado. Sin embargo, encontré un señor que lo defendía y me lo repetía. Fue lo que me llevó a regresar a la zona.

Y este señor  lo re-encontré. Fue muy interesante verlo sin que él se acordara  de mí tres años después.  Ese orgullo por pertenecer a una cooperativa permanecía  siempre. Si le decías,  deme tres palabras que lo identificara, una de ellas era: sandinista.

Lo que encontré fue que en realidad  no hay una memoria de la revolución. Hay una memoria colectiva, hay una historia colectiva, hay una memoria oficial que digamos se popularizó en público, sobre la cual se disputan autoridad los diferentes partidos que se definen como sandinista.

Hay una idealización que eso fue lo que ellos creyeron. Si me decían que no creían más en eso ¿dónde se quedaban ellos? porque había heroísmo en ese pasado y ellos se presentaban como: héroes en el presente. Y eso les daba mucho valor a una población que es menospreciada.

Pero la memoria subjetiva es súper múltiple, súper heterogénea. Y hay idealización en el pasado, pero esa idealización responde a factores en el presente y a necesidades subjetivas, por ejemplo: esa idealización correspondía a un momento concreto donde había una campaña electoral (2006) entonces, yo entiendo la defensa.

¿Existe el sector campesino una idealización o defensa de las memorias de la revolución?

Lo que me encontré no fue una idealización, encontré defensa. Y una defensa que correspondía al proceso electoral. Una narrativa del pasado  sin asumir ninguna responsabilidad. Como si la guerra  solo la habían causado los sandinistas, cuando en el campo fueron dos bandos los que se enfrentaron. Pero además, muy terrorífica -una campaña electoral- ante esta narrativa de la derecha, del PLC.

Entiendo que lo que imperó en muchas de las historias que me contaron fue defensa y sin embargo, no todas las memorias fueron eso.

A medida que fui conociendo  más gente y hablando me encontré con un sin número de formas de recordar el pasado, porque había gente que no toleraba, la gente que te recordaba lo que había sufrido. Había gente que te decía que realmente se sintió aliviada cuando perdió el Frente (Sandinista de Liberación Nacional) en el 90 y que se consideran sandinistas pero que te lo dicen. Habían mujeres que te contaban lo difícil  fue el  estar solas y eran las que más se atrevían a criticar las cooperativas, cuando los hombres eran mucho más: la cooperativa fue perfecta!

Fernanda, ¿esta investigación te provocó un dilema entre lo personal y el pasado?

Habían algunas cosas cotidiana que me chocaban (molestaban) porque me daba cuenta lo distante que he estado.  Ver cómo se vive en el campo y cómo vive mucha gente en condiciones de mucha pobreza

Emocionalmente todo eso era un despertar tan desconocido para mí. El hecho de decirte que  mi infancia fue feliz para el tiempo de la revolución y darme cuenta, que para la gente de mi edad en el campo su infancia había sido muy triste, muy difícil, todo tan doloroso. Encontrar como dos caras de un mundo que yo pensé que era uno solo y el darte cuenta que era algo más complejo.

 ¿De qué manera se vincula la política y los sentimientos del pasado en el libro?

Los sentimientos que hay sobre la narrativa del pasado, los sentimientos que hay en la memoria sandinista. Porque existe esta noción de que uno es sandinista por conveniencia o defendés a determinado partido porque no pensás bien, por una tradición que no la racionalizas.

Y me di cuenta que hay otras situaciones más que hacen que la gente tome decisiones políticas, entre ellos, es un espacio sentimental. Hay ideas pragmáticas, tradiciones, hay ignorancia pero también, hay sentimientos.

¿Estoy atacando a un partido o defendiendo a otro?. Al final quien construye la historia colectiva del sandinismo, quienes la han construido fue el Frente Sandinista y el libro es una crítica a esa historia colectiva y cómo se ha construido en el presente y entonces, acaba siendo a cómo el Frente Sandinista a construido esa narrativa y eso en el fondo de mi corazón quisiera que la gente del partido mirara que  el libro es  un aporte aunque no sé cómo la van a considerar realmente.

¿Y eso te da miedo?

Si me da miedo (llora).

¿La revolución y la religión son parte de la génesis de la filosofía sandinista?

Me encontré gente que habló de abusos del Ejército. El  tema del abuso sexual   está muy presente en referencia a un partido y de otro, pero sí muy presente  en la vida de las mujeres en el campo.

Trabajé de cerca con una Cooperativa de Mujeres ligada al Frente Sandinista. Y esta Cooperativa trabajaba mucho el tema del abuso sexual, el abuso del género en general, violencia intrafamiliar  y pude ver el impacto en las mujeres campesinas.

También viví con unas hermanas misioneras, monjas. Ver la vida de otras mujeres en el campo que las visitaban. Lo que implicaba ser mujer en el campo. Para muchas no es la norma. La violencia, la indefensión, la dependencia del hombre y los pocos espacios que hay para que las mujeres sean más autónomas y uno de ellos, curiosamente es el espacio religioso aunque no todas permanecen en ese espacio.

El vínculo religioso con la narrativa política -y te digo que mi trabajo tiene un enfoque religioso porque yo trabajé con monjas- al final trabajé con cooperativas, muchas de estas fueron sandinistas.

Los campesinos sandinistas conocen el Frente Sandinista a través de la iglesia católica. Su referente, su narrativa política es sumamente religiosa. Su  concepción del sandinismo antes de toda esta solidaridad, alianzas y en los mismos ochenta había una posición religiosa, solo que no tenía el enfoque que tiene ahora pero sí estaba.

¿Fue la Teología de la Liberación un enlace para fortalecer desde la religión el concepto de la revolución?

Hay un elemento muy cercano a la teología de la liberación. Y también, están las historias de  los religiosos -si vos lees la  vida del poeta Leonel Rugama muchos fueron curas, otros guerrilleros que habían estudiado para curas y se salieron.

Había en la poesía toda una mística, lo religioso, el tema de los santos. Había mucho la comparación de los santos y la posición del guerrillero que se  entrega para una mejor vida. Y esto lo encontré en las narrativas sandinistas, porque analicé narrativas y discurso sandinistas generales. Y lo encontré en  la forma de ver el pasado y verse así mismo. El tema del sacrificio lo veo  muy cristiano y en la concepción del sandinismo imperaba la bondad.

Cuando le preguntabas a mucha gente ¿qué es ser sandinista? es ser bueno, es ser un buen cristiano, es amar a los otros. Que para mí se asemeja a que es un buen católico, que es un buen cristiano, que es un buen evangélico.

Por otro lado, el Frente Sandinista entra a esta zona por donde yo estuve de la mano de la iglesia católica y si bien, los curas de Siuna no eran de la Teología de la Liberación ya había habido un cambio de la posición de la iglesia católica con el Concilio Vaticano II y había sucedido el encuentro en Medellín. Y los curas que estaban mayoritariamente en Fátima  eran gringos, norteamericanos, eran capuchinos, y ellos no simpatizaban con la Teología de la Liberación, pero simpatizaban con lo que estaba pasando y llegaron a Nicaragua, y llegaron a Fátima y se encontraron con esta situación de cómo vivía la gente tan mal, tan aislados que eventualmente se establece una colaboración con algunos guerrilleros.

Por ejemplo, mucha de la historia que te cuentan muchos campesinos que aprendieron con la iglesia católica en las misiones eran historias con un enfoque sandinista entonces, me imagino que  quienes se las contaban eran algunos guerrilleros que estaban participando en las misiones, o misioneros o hermanas religiosas que ya estaban convencidas de su trabajo político.

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