“Organizados nos oyen mejor”

Consumidores

Más allá de los partidos políticos, la sociedad civil tiene el potencial de transformar su entorno social, alcanzar un mayor bienestar y reclamar más efectivamente sus derechos. Es cuestión, nada más, de ponerse de acuerdo y de organizarse

Por Mauricio Miranda | Aug 02, 2010

Afuera el aguacero no permite dar un paso sin salpicarse hasta las rodillas, pero en este antiguo edificio ubicado contiguo a la estación policial de Masaya, la gente empapada o con paraguas entra muy diligente con sus respectivos reclamos en las manos, la mayoría por los servicios de luz y de agua, que brindan Unión Fenosa y Enacal, respectivamente.

Ramiro Guzmán, estudiante de Farmacia, comenta que es la primera vez que visita la Asociación de Consumidores de Masaya (Acodema), y espera que invertir su tiempo llevando fotocopias de facturas y cartas de reclamo ante los miembros de esta organización “va a dar resultados”. La tienda de electrodomésticos El Gallo más Gallo se negó a aceptarle una queja, por una computadora nueva que les compró, y que desde el primer día resultó defectuosa.

Dio un primer desembolso por mil córdobas, pero no soltará un peso más mientras la tienda no le cambie el disco duro al ordenador por uno nuevo, y no por uno refaccionado como le prometieron la última vez.

Sin darse cuenta, Ramiro está poniendo en práctica uno de los ejercicios más antiguos, efectivos, pero olvidados por amplios sectores de la población nicaragüense para exigir derechos, según algunos analistas: la organización ciudadana.

Pese a los resultados concretos que tiene Acodema --en sus registros existen casos donde los clientes han evitado cobros de hasta 30 mil córdobas por facturas irregulares--, Róger Lacayo, uno de los coordinadores, admite: “Parece que esto de las asociaciones es decreciente, porque se necesita sensibilidad social, dejar tu casa por atender a los demás, y eso no lo tiene todo mundo”. “Las organizaciones de defensa de los consumidores casi no existen”, añade.

De hecho, la experiencia les indica que cuando un ciudadano resuelve su problema, no se aparecerá más, hasta que sufra un nuevo abuso. Pero en todo caso: ¿Vale la pena estar organizados?

A los 14 años, Lola del Carmen Esquivel González era una experta trepando árboles para cortar mangos, aguacates y nísperos. Pero no lo hacía por diversión. Recogía las frutas en canastos que luego cargaba a pie por cinco kilómetros desde la comarca donde vivía, hasta llegar al municipio de El Viejo, en Occidente. De ahí tomaba el bus con destino a Puerto Corinto, donde las vendía para alimentar a su madre, asmática desde joven.

“Éramos como nómadas. Estábamos en El Crucero, de pronto terminaba el corte de café ahí, y me llevaba para Chinandega a cortar algodón. Había cortes de maní, me llevaba a León. Eso aprendí, eso es mi vida”, relata ahora a sus 46 años.

Antes de cumplir los quince, se incorporó a la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC). Vivía en la comunidad Palmira, cerca del municipio El Crucero, cuando la nombraron Secretaria de Propaganda en el recién conformado sindicato “Germán Pomares Ordóñez”, por el año 1981. “Fui apropiándome sobre para qué sirve un sindicato, y ahí aprendí mis primeras letras”, comenta.

Tras años de lucha, su comunidad empezó a obtener los primeros resultados. “Nos empezaron a dar mascarillas, guantes, botas de hule y capotes, porque muchos varones y mujeres morían regando DDT, Gramoxone”, relata.

Otro logro fundamental fue el permiso para descanso por motivos de salud, y la jornada libre para asistir a una vela en caso de que muriera un compañero, así como la garantía para gastos funerarios como caja, café y pan, añade Lola, graduada como Técnica en Administración de Empresas, madre de seis hijos, y quien actualmente organiza su tiempo como responsable de la Secretaría de la Mujer de la ATC; Presidenta de la Unión de Cooperativas “Juntos Podemos” --que aglutina unas 30 cooperativas--, y responsable de Género de la Unión Nacional de Productores Asociados.

“¿Y si no se hubiera afiliado a la asociación?”, le preguntamos. “Me hubiera quedado analfabeta, y le aseguro que anduviera todavía en el campamento con mi familia”, responde. “Yo siento que la asociación me ha abierto las puertas sobre cómo incidir, cómo apropiarse de nuestros derechos, porque desorganizado no podés lograr nada”, añade.

El sociólogo Juan José Sosa, docente de la Universidad Centroamericana (UCA), lamenta que “son muy pocas” las organizaciones en Nicaragua desde las cuales se fomenta la “socialización en la vida política”. “Un espacio donde una persona pueda ir, decidir y hacer, sentir que está organizada, que representa a un grupo, no lo hay, porque se ha visto a los partidos políticos como la única expresión donde tu libertad de decidir vale”, afirma.

Según él, “estamos acostumbrados” a que sean los partidos políticos “el único medio que hace a que tu palabra tenga validez”, lo cual, señala, es un error.

Johana Carolina Arce Arróliga, abogada a los 21 años, y Directora del Bufete del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena Cuadra”, no tiene miramientos al decir que “viví en un ciclo de violencia, en un hogar disfuncional donde estábamos al cuidado de mi madre, con mis seis hermanos”.

Por medio de una mentora, tuvo contacto con el movimiento cuando cursaba el segundo año de Derecho, y desde entonces sacó provecho a los talleres, capacitaciones y a los principales instrumentos jurídicos en temas vinculados al género o a la violencia intrafamiliar, en los cuales se especializó.

“Alguien que forma parte de una organización sabe lo que está haciendo, lo que quiere, y va más allá. Una persona que no, tiene sus metas, pero de cierta manera se siente limitado, o se basa en lo consuetudinario”, explica la joven abogada.

“Decimos que el Estado es el culpable de tal cosa, pero todos somos responsables”, opina Johana, para quien una de las claves para reivindicar esos derechos perdidos en el contexto actual es “coordinar esfuerzos en esos pequeños sectores, en la comunidad”. “Algunos no lo hacen porque tal vez no se sienten capaces”, pero “esto es una cuestión de actitud”.

De acuerdo con Claudia Pineda, Directora Ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), los nicaragüenses “debemos regresar a preocuparnos por las políticas públicas, es decir, por la solución a los problemas de la ciudadanía”, ya que “la raíz fundamental de esta crisis es que todos nos hemos dedicado a la política y no a las políticas”.

“Los nicaragüenses no tienen que ceder sus derechos a nadie. Tenemos que seguir todas y todos luchando por hacer valer nuestros derechos, que no los podemos perder, y menos por inactividad”, sostiene.
Para este reportaje, conversamos con dos miembros de la organización Alcohólicos Anónimos (AA) para conocer cuál es el efecto que tiene sobre una persona, formar parte de una organización, donde en este caso, el propósito es el mismo: superar una adicción.

“Dejar de beber nunca lo logramos por nuestra propia cuenta. Pero cuando estamos juntos, vemos la gran diferencia”, comenta esta persona a quien identificaremos como “Rogelio”. Su vida tocó fondo cuando fue a parar por segunda vez al hospital siquiátrico nacional, y aunque medianamente restablecido, regresó a las calles con una sola cosa en la cabeza: una botella de licor.
“Otra cosa valiosa, es que si me dieron gratuitamente el mensaje de salvación, y lo logré, yo tengo que darle ese mensaje a otras personas. Y sentimos que al ver que otro se está recuperando, o que ese otro está recuperándose por mí, crea esa fortaleza y una esperanza, de que otros lo alcanzarán”, expresa.

“Augusto”, otro miembro de AA, se dio cuenta del nivel de su adicción cuando en cierta ocasión, su propia hija lo negó frente a otras personas en la calle, cuando ella procuraba pasarlo de largo mientras él yacía tendido en el suelo semiinconsciente por su estado de embriaguez. Ahora comenta: “A estas alturas, yo siento una satisfacción, de que compartir con otra persona que tiene el mismo problema que yo, le ayuda a esa persona, y me estoy ayudando a mí”.

Por ahora, Ramiro Guzmán quedará pendiente de una respuesta satisfactoria por parte de El Gallo más Gallo respecto a su computadora, pero mientras espera que escampe, antes de salir a la calle, comparte algunas reflexiones: “Yo pienso que la comunicación es la base principal de todo. A veces por temor, por complejo, por orgullo, por muchos factores no nos damos cuenta de eso. La solución está en conocer por qué no nos unimos, porque parece que a ellos se les hace más fácil callar a uno que a varios”.

“Dice un filósofo pensador, que no se le puede ayudar a alguien, que no permite ser ayudado. Ese es el gran ego que tenemos los nicaragüenses. Nosotros estamos “penqueados”, y no aceptamos que necesitamos ayuda”, concluye.

PATERNALISMO ESTATAL, UN FRACASO

En la opinión del licenciado en Filosofía y experto en Ciencias Sociales, de nacionalidad mexicana, Rubén Aguilar Valenzuela, está surgiendo un “nuevo modelo de Estado”, “más transparente y democrático”, y al cual, los gobiernos totalitarios le temen, pues su motor son los mismos ciudadanos amplia y debidamente organizados.

“El clientelismo-paternalismo del Estado es un fracaso, lo cual, probablemente, explica el subdesarrollo en América Latina y el desarrollo de los países del Primer Mundo. Si los Estados Unidos tienen 2.5 millones de organizaciones ciudadanas, Francia 800 mil y Alemania 800 mil, tienen una sociedad civil potente, capaz de presionar al gobierno en la lógica de las políticas públicas”, explica.

Este “nuevo modelo de Estado”, canaliza la potencia de la energía social “porque la incorpora en la toma de decisiones, y en razón de eso, la incorporan a la acción misma”.

Para el analista mexicano, es evidente que algunos gobiernos rechazan este fenómeno, y, en cambio, se resisten a comprender que en la actualidad, su función debe limitarse a “coordinar” a los distintos actores sociales, y no a determinar cómo éstos deben actuar, ya que ni cuentan con la capacidad para hacerlo, ni es una buena praxis, democráticamente hablando.

“Cualquier actor que no sean ellos, los afines a ellos o subordinados a ellos, lo ven como una amenaza”. “Entonces, los de la vieja escuela deben entender que puede perpetuarse unos cuantos años más, pero al final están cavando su propia tumba”, explica Aguilar.

Pero según él, un ciudadano “conformista” renuncia a la construcción de su país. Y ese conformismo “provoca ciudadanos frustrados que no logran realizarse plenamente”.

El Departamento de Registro y Control de Asociaciones sin Fines de Lucro se creó por medio de la “Ley General sobre Personas Jurídicas sin Fines de Lucro”, y regula la constitución, autorización, funcionamiento y extinción de las personas jurídicas, civiles y religiosas que existan en el país. Es una dependencia del Ministerio de Gobernación (Migob).

Actualmente se encuentran inscritas en este registro 4,360 entidades sin fines de lucro, según datos de este mismo departamento.

Ramiro Guzmán cuando interpone una queja en contra de la empresa El Gallo más Gallo.

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