Hernández García: debemos informarnos para decidir

Entrevistas

Rafael Hernández García, profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad Iberoamericana Puebla, México. Foto: Cortesía / Conexiones

El profesor Rafael Hernández García, del Departamento de Humanidades de la Universidad Iberoamericana Puebla, México, y quien será ponente el próximo 24 de julio en el Seminario Internacional de la Comunicación “Desafíos de la innovación académica y profesional”, conversa en esta entrevista sobre el rol del comunicador social, la libertad de prensa y de expresión.

Por Luis Palma Urbina | Jul 22, 2014

Si uno se pregunta de dónde provienen las palabras, Rafael Hernández García, profesor titular de la Universidad Iberoamericana de Puebla, asevera que es suficiente con escucharlas para descubrir su origen. “Si no nos informamos, las decisiones que tomemos probablemente serán erradas”, enfatiza, basándose en los ideales de su admirada Revolución Francesa, en sus estudios en derecho, comunicación y filosofía, y en sus 28 años de experiencia como profesor universitario.

Como consecuencia de sus deseos por informarse, Hernández García defiende con mucho fervor la libertad de información; anhela un sistema educativo que incida en los estudiantes, y anima a los ciudadanos a investigar sobre sus propias decisiones.

Como consecuencia de su creencia en la libertad de prensa y de pensamiento, no celebra las recién expedidas Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, y Ley del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, las cuales adicionan y derogan diversas disposiciones en materia del ejercicio de la comunicación en México. Sobre esto temas, Hernández García comentará el próximo 24 de julio en el Seminario Internacional de la Comunicación Desafíos de la innovación académica y profesional, a efectuarse en la Universidad Centroamericana.

Partamos de la diferencia entre libertad de expresión y libertad de prensa.

La libertad expresión es quizá una de las libertades más apreciadas porque desde los ilustrados era una extensión de la libertad de pensamiento. Finalmente, el pensamiento, la razón, solo son visibles en la expresión. Dice (Jurgen) Habermas y (Karl-Otto) Apel que la única manera de contactar la razón es vía la comunicación, a través de la competencia comunicativa de los seres humanos. 

La libertad de expresión es uno de los valores más apreciados por el pensamiento ilustrado. Por último, la libertad de expresión, después de la Revolución Francesa, se va a concretar en libertad de prensa. Considerando eso, todas las constituciones del mundo contienen tanto la libertad de expresión como la libertad de imprenta, que con el paso del tiempo esta tiene que concretarse en otros medios. 

¿Cómo debe ser entendido el derecho a la información? 

Considerando el Artículo 11 de Declaración Francesa de 1789, toda persona tiene derecho a recibir, a investigar y a difundir información por cualquier medio. Es decir, este nuevo concepto está englobando también el derecho a recibir información veraz y fidedigna ya sea de los medios o de los entes públicos. 

No cualquier información, sino información relevante, aquella que está contextualizada y que resulta imprescindible porque obviarla implicaría desconocer los fenómenos importantes para la toma de decisiones de una persona y de una sociedad.  

¿Qué indicadores pueden ayudar a determinar el buen estado de derecho a la información en una sociedad? 

Existen dos tipos de indicadores. Uno tiene que ver con el derecho a investigar información de los entes públicos, es decir aquella información que tiene que ver con las decisiones públicas, con el uso del dinero o  con las decisiones de obras. Desde esta perspectiva, podemos medir el buen estado de este derecho al analizar la información que publican los entes públicos y cómo la facilitan a los ciudadanos. 

No solo se trata de que se tengan leyes de acceso de la información, sino que se practiquen. El otro indicador tiene relación con la información de los medios. En este caso, habría que analizar la posibilidad de que en un país exista información suficientemente plural, ofrecida por medios diversos, que presenten diferentes caras de la realidad. Los ciudadanos deben tener diferentes opciones para acceder a la información, y para decir una palabra, para manifestarse. 

¿Cuál debe ser la postura del comunicador social respecto a la información pública? 

Ante que todo se debe considerar el asunto de lo público, la parte medular. Hay muchas definiciones de lo público que indiscutiblemente todas van a coincidir en distinguirlo de lo privado. Podríamos decir que lo público es todo aquello que nos afecta como personas y, sobre todo, como ciudadanos. Hasta antes de la creación del Estado Moderno, lo público no era algo en que podían ocuparse las personas y ciudadanos, porque era algo que solo convenía al señor feudal y sus similares. 

Ahora, en el Estado Moderno, la soberanía no recae en un único individuo, sino en el pueblo. Lo público tiene que ver con los acuerdos de la convivencia social. Esa es la perspectiva que no podemos perder en el ámbito de la comunicación social. Lo público tiene incidencia en lo cotidiano y debe ser conocido para que los ciudadanos en general podamos tomar esta decisión. Público es por ejemplo todo aquello que tiene que ver con el erario, el gasto de este dinero tiene que ser absolutamente claro y transparente. 

¿Cómo puede ayudar el comunicador social a fortalecer el derecho a la información en su sociedad? 

En Latinoamérica los comunicólogos, como prefiero llamarlos, tenemos el papel importantísimo de la difusión del derecho a la información. Su labor es de promotor de la educación, promotor de este derecho. Podemos tener buenas leyes, podemos tener buenas políticas, pero si las personas no saben qué es el derecho a la información y para qué les sirve en su vida cotidiana, de poco sirve tener un buen acceso a la información. 

La mejor forma de difundir es vía las universidades y vías las organizaciones no gubernamentales, tendríamos que hacer convenios para poder incidir directamente en planes de estudios desde los niveles básicos y así desde niños se sepa de este derecho básico. La clave es la educación desde los primeros años. 

¿Y cómo lidiar con la apatía por informarse? 

Para encontrar esa respuesta tendríamos que respondernos cuál es el punto de tener información, y no solo aquella relacionada con lo público en general. Respondernos para qué queremos información, pues para decidir. Si no nos informamos, las decisiones que tomemos probablemente serán erradas. 

Entre mejor información podamos poseer, nuestras decisiones serán mejores, desde decisiones de a qué carrera o a qué oficio pienso dedicarme toda la vida, hasta decisiones de cuál es el partido que me conviene votar o si me conviene comprar determinada marca de producto, etcétera. Para todo necesitamos información. 

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