El caso Aristegui y la dictadura en los medios de comunicación privados

Comunicación

Declaraciones de Carmen Aristegui, recogidas por la cadena CNN en Español.

Carmen Aristegui, periodista mexicana. Imagen de Eneas tomada de Flickr.

¿Qué lecciones pueden rescatar los nicaragüenses con el despido de la reconocida periodista mexicana, destacada por su tono crítico en contra de los grupos de poder?

Por Mauricio Miranda | Mar 18, 2015

La decisión de MVS Radio de despedir a la periodista Carmen Aristegui ha sido como arrojar un tizón encendido en un charco de gasolina dentro de un almacén de pólvora y explosivos. Para algunos sectores de la opinión pública mexicana y de la prensa local e internacional, la remoción tiene un trasfondo político y lo han catalogado ya como un golpe bajo a la libertad de expresión.

El despido de Aristegui de MVS Radio fue el domingo. El lunes por la mañana ya todo México lo sabía. Según los directivos del medio, Carmen no se ajustó a los lineamientos editoriales y no quiso llegar a un acuerdo por empeñarse en el reintegro de dos de sus colegas, cesados la semana anterior por presuntamente utilizar de modo indebido la marca de la empresa.

Cuando Aristegui confirmó su salida de MVS Radio --primer lugar en la audiencia azteca en su franja horaria--, el apoyo general del gremio no tardó en llegar, y como si respondieran a un ataque agresor en contra de su bien más sagrado, la libertad de expresión, se lanzaron con todo lo que pudieron para señalar los abusos del poder, no solamente del gobierno y su probable participación en este caso, sino de las empresas mediáticas privadas.

Las columnas, artículos de opinión, editoriales, notas informativas, comentarios en televisión, videos en youtube, hashtags en redes sociales, grupos de apoyo en Facebook, siguen proliferando. Aquí encontrarás algunas reacciones publicadas en aristeguinoticias.com.

¿Modelo empresarial trata como esclavos a periodistas?

En Reforma, Sergio Aguayo, politólogo y académico escribió: “En México el modelo empresarial de comunicación en radio y televisión es reacio al periodismo de investigación que ayudaría a reavivar un país ahogado por la corrupción y los conflictos de interés. Al eliminar a Carmen y a su equipo del cuadrante han lanzado una advertencia a quienes piensen en hablar claro”.

El periodista Joaquín López Dóriga escribió en Milenio: “El domingo por la noche luego de un enfrentamiento con la empresa (Televisa), … en mi cuenta de Twitter, fijé mi posición personal: ‘Lamento la salida de Carmen Aristegui de MVS donde construyó un espacio fundamental. Pierde MVS, pierde la radio, pierde ella, perdemos todos’ […]. ‘Esto no ha terminado’, agregué. Hoy lo sostengo aquí”.

Carlos Puig, en Milenio: “Una y otra y otra vez desde que arrancó el conflicto he leído y escuchado la cantaleta de que un patrón puede hacer lo que quiere con sus empleados”.

“No. No es exactamente así. Ya abolimos la esclavitud… La relación entre patrón y empleado es una de las más reguladas de nuestra vida cotidiana. Es más, el acto del despido está normado y, sí, para que quede claro que un patrón no puede hacer lo que se le pegue la gana, una resolución posible y no tan extraña en un juicio laboral es la reinstalación”.

Martin Bonfil, en el mismo medio: “Más allá de los motivos o intereses que hayan causado la salida de la periodista Carmen Aristegui de la empresa en la que trabajaba, es claro que se relaciona con la difusión de información incómoda. La sociedad mexicana pierde cuando el periodismo profesional y crítico, que saca a la luz asuntos que merecen ser discutidos públicamente, ve reducidos sus espacios”.

Periodismo ciudadano es visto como amenaza

Periodismo crítico --pero implementando otro modelo--, es lo que intentaron Daniel Lizárraga e Irving Huerta, cuando mostraron su interés de colaborar con la iniciativa Mexicoleaks, una plataforma de denuncias abierta que permite a la ciudadanía destapar casos de corrupción y abusos, pero protegiendo su identidad.

MVS Radio vio comprometida su marca con este modelo periodístico --que cada vez va tomando mayor alcance--, de modo que los despidió a ambos. Carmen Aristegui no estuvo de acuerdo, exigió el reintegro y dio un ultimátum a los directivos de la compañía mediática. Al final también fue despedida.  

Muchos analistas han advertido sobre la “trampa”, que según ellos, ha puesto en gobierno mexicano y los grupos de poder que se benefician directa o indirectamente con la salida de Aristegui de MVS Radio, de que no dejaron o no existen evidencias de que se trate de un “encargo” o una “oportunidad” que no debía desaprovecharse.

Lo cierto es que el caso de Carmen Aristegui brinda algunas pautas al periodismo nicaragüense para la reflexión: ¿Hasta dónde los medios de comunicación, privados, semiprivados, estatales, etc., son capaces de soportar los temas incómodos, --independientemente de si son oficialistas o no--, cuando uno de sus periodistas decide que es el momento de generar esos debates en la opinión pública?

Ciertamente, en el mes en que se conmemoró el Día Nacional del Periodistas, el gremio nacional puede formular sus propias conclusiones.

 

Contra los más poderosos

La labor periodística de  Aristegui ha implicado, entre otros casos: la revelación de los conflictos de interés alrededor de la adquisición que hicieron el presidente mexicano Enrique Peña Nieto y su esposa, la actriz Angélica Rivera, de la mansión llamada “Casa Blanca”, cuyo precio asciende a unos 7 millones de dólares.

Igualmente, la revelación de la existencia de una red de prostitución que por más de diez años operó dentro del oficialista Partido Revolucionario Institucionalista (PRI) del Distrito Federal; asimismo, las denuncias públicas en contra de pederastas en la Iglesia Católica mexicana, cobertura tras la que inclusive publicó un libro sobre los casos en los que se vio involucrado el fundador de los Legionarios de Cristo, una poderosa e influyente organización religiosa: “Marcial Maciel,  historia de un criminal”.

La lista de casos es larga, y entre los afectados por su incisivo olfato periodístico se pueden enumerar a los ex presidente Carlos Salinas y Felipe Calderón, el empresario Kamel Nacif, el ex gobernador de Puebla Mario Marín y hasta la polémica conductora Laura Bozzo.

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