La seguridad ciudadana en Nicaragua, un poco de historia
Por William Palacios | Jun 25, 12
Opinión
Los nicaragüenses que vivimos nuestra adolescencia en la década de los ochenta, añoramos la paz y la tranquilidad que se gozaba en esa época, cuando cualquier persona podía trasnochar por las calles de cualquier ciudad, sin ser víctima de asalto, mucho menos correr riesgo de perder la vida a manos de la delincuencia, porque ésta simplemente no existía.
Aunque, las ciudades eran apacibles, la inseguridad ciudadana (violencia de la guerra) la sufrían los campesinos de las zonas rurales del país debido al accionar de las bandas de contrarrevolucionarios que se enfrentaban al Ejército Sandinista y los Batallones de Lucha Irregular conformados por jóvenes reclutados para cumplir el Servicio Militar, coyuntura que los mantenía alejados de las drogas y la delincuencia.
Pero eso pasó a la historia y llegaron los años noventa. Con ello la desmovilización de todos los cachorros de Sandino (mismos que ahora con 50 años encima, exigen al actual gobierno lo que consideran sus derechos por haber defendido la patria) y los miles de miembros del Ejercito que el gobierno de Doña Violeta Chamorro, lanzó a la vida civil, para engrosar las listas de desempleados a la que también se sumaron los miembros del extinto Ministerio del Interior.
Las madres nicaragüenses dieron gracias a Dios porque ya sus hijos no serían enviados a las montañas del norte del país, con la incertidumbre de si regresarían vivos o no al hogar. Pero, otro gran dolor de cabeza estaba en ciernes: La descomposición social que trajo como consecuencia el fin de la seguridad ciudadana que ostentábamos hasta ese momento.
La mayoría de estas decenas de miles de personas con experiencia militar, por su propia naturaleza, no encontró un acomodo dentro de la actividad productiva del país y ahí comenzaron los problemas de inseguridad en Nicaragua. Los diarios de la época empezaron a publicar noticias que los nicaragüenses de las ciudades ya habíamos olvidado: Asaltos de establecimientos comerciales y edificios bancarios, cuyos protagonistas eran los recién desmovilizados, sean ex miembros del ejército o ex contras que también entregaron las armas a inicio de los noventas.
Sumado a ello, empezó a proliferar el crack y otras drogas en los barrios pobres y residenciales de las principales ciudades (Managua a la cabeza), sumándose al caldo de cultivo de la descomposición social que empezó en esa década y continuó su espiral ascendente con la llegada de los años 2000.
Se nos hizo común ver los asaltos de adolescentes y jóvenes que robaban una gorra, un celular, una mochila, un bolso, un reloj y lo que sea que anduviera algún ciudadano incauto que caminaba despistado por alguna calle o parada de bus, todas esas pertenencias iban a parar a algún expendio de droga donde el narco dependiente hacía el canje por su provisión del estupefacientes. El año pasado causó indignación nacional la muerte de un estudiante universitario en Managua, a manos de un grupo de adolescentes que a plena luz del día y en la vía pública lo acuchillaron para despojarlo de su celular.
La Policía Nacional en muchos casos tienen conocimiento de donde quedan los expendios en cada barrio, porque la gente se encarga de denunciarlos, pero la ciudadanía se queja que más tardan en hacer el operativo y llevárselos presos, que en ponerlos en libertad. Esto causa impotencia en los ciudadanos que al denunciar ponen en riesgo su integridad física ya que podrían sufrir represalias por parte de los expendedores de droga.
Con todo y esto, somos el país más seguro de Centroamérica reconocido así hasta por Estados Unidos, que ha celebrado los buenos resultados de la lucha contra el narcotráfico internacional y el crimen organizado que realiza Nicaragua principalmente en el último período de gobierno.
Actualmente, Nicaragua ha bajado sus índices de homicidios, nada comparados con las incidencias de la región. Mientras en 2011 Honduras cerró con 86 homicidios por cada 100, 000 habitantes, en Nicaragua el índice fue de sólo 13 homicidios por cada 100,000 habitantes.
Ninguna ciudad de Nicaragua aparece en el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo en 2010. Pero, si aparece San Pedro Sula ocupando el tercer lugar, Guatemala el séptimo y San Salvador el onceavo puesto, ocupando el primer lugar Ciudad Juárez de México, donde ocurren 229 homicidios por cada 100, 000 habitantes.
La verdad es que en países vecinos como Honduras, El Salvador y Guatemala; los ciudadanos tienen que estar encerrados dentro de sus casas desde las 6 de la tarde, de lo contrario una bala perdida podría acabar con su existencia.
Actualmente en Nicaragua no llegamos a esos extremos y en cambio estamos exportando este modelo denominado Policía-Comunidad, que si bien no ha erradicado los niveles de violencia en el país, es de reconocer que ha bajado los índices de criminalidad que existían hasta hace poco en el país. Nos ha dado buenos resultados y podemos continuar mejorándolo para el bien de la seguridad ciudadana del país y la región centroamericana.
Todo ello gracias a la labor desarrollada por la Policía Nacional que ha tenido un cambio de actitud y se ha involucrado más directamente en las denuncias de la población para acabar con las bandas de delincuentes organizados en el país. Aún así, no se confíen de andar muy noche por las calles en cualquier ciudad o zona rural, ya que es mejor prevenir que lamentar y… ¡Hombre prevenido, vale por dos!, decía mi abuelita.








