El camino

Por Leda Zamora | Aug 29, 13

 

 

Luciana se encontraba recostada, viendo por la ventana del auto. Regresaba junto con sus padres, de la casa de su abuela. Esa tarde había visto a su abuela más vieja, y con una sombra lúgubre sobre ella. Quizás esa era la última vez que miraría a su abuela.

Luego de quince minutos de iniciar el regreso a casa, se había desconectado del mundo. La conversación que sostenían sus padres en los asientos delanteros, ahora solo era un murmullo lejano, casi a punto de perderse. Observaba cómo el sol se ocultaba dejando tonos rojos y naranjas, que eran robados por la luna para empezar su jornada nocturna. Los árboles empezaban a desechar su encanto matutino, y se cubrían de una hermosa oscuridad, con ramas que delineaban en el suelo sombras tenebrosas, que Luciana encontraba hermosas. Podía ver la cola de un gato, el cuchillo de un asesino, y el amor verdadero de un psicópata. Se divertía calladamente.

De pronto, un murciélago impactó su ventana. Sin alarmarse se volteó hacia el parabrisas trasero, y observó al pequeño bulto en medio de la calle. Sus padres le habían dicho algo, pero ella no se enteró, seguía observando el lugar donde había caído. De repente vio otros cinco murciélagos sobrevolaban a su compañero caído, dieron seis vueltas y continuaron su vida.

La carretera empezaba a reducirse mientras se acercaban a un barranco. Una curva pronunciada esperaba su encuentro. Al pasar, se sentía como si bailaran un torbellino antioqueño. Luciana cerró los ojos y se dejó llevar por el ritmo que emanaba de la sensación de estar a unos cuantos centímetros de caer por un precipicio.

El camino volvió a ensancharse y Luciana volvió a la tarea de encontrar formas en las sombras.

Las montañas empezaban a desaparecer y las primeras luces de la ciudad se mostraban, burlándose de Luciana, indicándole que la oscuridad que tanto amaba iba a desaparecer, y volvía a un lugar donde a todos les aterraba quedar a oscuras. Regresó la vista hacia el interior del auto, y escuchó cómo su madre le contaba a su padre sobre las últimas locuras de su tía Marian. “Patético”, pensó.

Entraron a un área residencial, estaban a unos dos minutos de llegar a su casa, cuando miró a un hermoso gato negro pasar frente al carro. Sonrió para sus adentros. A veces encontraba cosas hermosas en la ciudad.

Bajaron del auto y entraron a la casa. Sus padres seguían platicando sobre trivialidades que a ella no le interesaban para nada. Dentro de la casa, Luciana recordó algo. "Olvidé despedirme de mi abuela", dijo, y subió las escaleras para llegar a su habitación. Sus padres hicieron caso omiso de su comentario. Se dirigieron a la cocina. Al mismo tiempo el teléfono sonó, y les avisaron que Doña Lucía había muerto hacia unos veinte minutos.

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