Dependencia emocional: una prisión para el corazón

Por Ana Arana & Lía Jarquín | Sep 02, 14

Salud

Existen relaciones (…) familiares con un grado tan alto de dependencia que, tarde o temprano, derivan en una situación asfixiante, en donde falta libertad interior”. Evidentemente, las relaciones de dependencia recíproca entre padres e hijos, aún por más sanas que parezcan, se convierten en una “prisión emocional” para los miembros de la familia.

Antes que nada, se debe conocer primero qué es la dependencia emocional, la cual es definida por la página web de la Universidad Tecnológica La Salle citando a Castelló como: “un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas, que se buscan cubrir de manera desadaptativa con otras personas”. Se puede decir entonces, que en los casos familiares de padres o hijos la razón que los mantiene sujetos son conductas inadecuadas como una necesidad extrema de cariño.

Sin embargo, se tiende a confundir la dependencia emocional de la codependencia. En ésta última intervienen dos agentes: el codependiente, quien es la persona que proporciona los elementos vistos como básicos por el otro; y el dependiente,  quien es el individuo necesitado de los mismos, los que a su juicio le resultan “indispensables para su bienestar”. La disparidad entre ambos es que en las relaciones de codependencia las partes involucradas llegan a constituir lazos afectivos de manera enfermiza; mientras que en la dependencia emocional solamente una de las personas desarrolla actitudes negativas para obtener lo que quiere.

Por otro lado, las relaciones de dependencia emocional hasta cierto punto resultan ser necesarias pues es la etapa de la infancia en la cual los hijos son vulnerables ante las adversidades de su entorno, y, por ende, requieren de la protección de sus padres en todo momento. No obstante, el niño al crecer debe buscar su independencia, salir adelante por sus propios medios y no estancarse en el núcleo familiar, de igual forma los padres deben alentarlo a ganar méritos personales porque de no cumplirse se estarán condenando a vivir bajo los regímenes paternales, se atará a su familia y no encontrará la libertad que todo individuo anhela alcanzar.

Además, resulta ser inherente el factor educación como componente dentro del establecimiento de esta clase de relaciones, porque es la familia el primer centro de formación integral. Lo conveniente es que dentro de esta los individuos desarrollen habilidades y comportamientos adecuados que les permitan desenvolverse en su contexto social. Un ejemplo de ello es cuando los padres les ayudaban a sus hijos de pequeños con las tareas, pero estos, al crecer, continúan necesitando de su asistencia. De esta forma, se les priva a los hijos del sentimiento de satisfacción que produce cumplir con sus responsabilidades.

Tampoco se debe aislar la incidencia que tiene el factor económico en este tipo de lazos, en ciertos casos los padres cometen el error de brindarles todo a sus hijos y a medida que los jóvenes crecen se acomodan al estilo de vida que se les proporciona. Un ejemplo de esto sería cuando un hombre de 28 años  se dedica a pasar el tiempo a través de preparación académica y sigue viviendo en casa de sus padres, no obstante a pesar de ser adulto con un trabajo decente, depende de sus padres porque estos sufragan sus gastos, tal y como se muestra en la película francesa Tanguy. Sus padres llegarán a un punto en el cual se sentirán hartos de él y buscarán la forma de echarlo porque representará un fastidio para sus vidas, un impedimento para ser feliz.

Como consecuencia de esto, los hijos desarrollan problemas de autoestima; se convierten en personas conformistas quienes piensan que sin sus padres no valen nada. Por otra parte, otros llegan a sentirse superiores y creen que merecen tenerlo todo, usan la mentira y la manipulación como método infalible para conseguir sus caprichos.

 Aunque parezca inverosímil otros llegan a padecer complicaciones físicas, pero todas estas tiene su origen en la mente del sujeto. Cuando un hijo ha sido sobreprotegido y nunca se ha separado del seno familiar  intenta vivir solo en su nueva casa y ve marchar a sus padres o defensores,  experimenta síntomas de ansiedad que pueden provocarle afecciones físicas. De cierto modo, nuestro cuerpo refleja lo que sentimos.

Pero, no solo los hijos están expuestos a sufrir de dependencia emocional, sino también los padres; cuando ven partir a sus hijos ellos se sienten solos y tristes, sufren de melancolía y caen en depresión. Viven sumergidos en el aburrimiento y algunas veces en la irritabilidad, todo esto representa un presidio que les impide seguir con su vida. Cuando los hijos llegan a una edad en la cual quieren independizarse, muchos padres reaccionan de manera irracional; unos se toman dicha noticia de forma devastadora, mientras que otros se valen del chantaje y el engaño para retenerlos.

Para finalizar, se debe recordar que la dependencia emocional en el ámbito familiar es, en primera instancia, un acto  imprescindible de protección por parte de los padres hacia la figura indefensa que representan sus hijos en la niñez. Mas hay que ser conscientes de que no siempre se depende de los progenitores ni ellos deben tener sentimientos de apego hacia los hijos; si esto llega a suceder, indudablemente representará un obstáculo para seguir adelante.

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