Quiero viajar segura

Por Katya Najlis | Mar 02, 15

Social

Había abordado un microbús en Granada con rumbo a la Universidad Centroamericana (UCA). Eran las 11:30 de la mañana  aproximadamente. Iba sentada junto a la ventana. Tenía por costumbre dormirme en todo el trayecto con mis audífonos puestos, escuchando cualquier melodía. A mitad del recorrido, un desconocido ingresó al vehículo, pagó su pasaje y se sentó a mi lado. Se acercó más de lo que se debía, y con pequeños frotes de dedos, empezó a tocar mi pierna. Pensé: ¿Estaré soñando que me están tocando? Entonces desperté y, sin abrir los ojos, comprobé que no era un sueño.

“¿Qué hago?”, me dije. El miedo y la vergüenza no me dejaban “maquinar”, mientras el hombre seguía de morboso. Lo apretujado y sofocante en el interior del microbús no me permitía separarme. No me quedó de otra: un codazo exigiendo respeto, pero el hombre seguía haciendo de las suyas.

A los minutos, el desconocido se puso en pie y mientras buscaba la salida, abrí mis ojos para observarlo detenidamente. Ya él, estando fuera del bus, me observaba con cierto morbo, mientras yo simulaba ver hacia otra dirección. La sensación de alivio, pero a la vez de culpa, de haber hecho algo malo era inevitable. Se convirtió en un trauma.

Con frecuencia ocurre que mientras vas en el bus, sentada o de pie, vas leyendo o escuchando música con los audífonos, sentís cierto roce en tu brazo, o en cualquier parte de tu cuerpo y te das cuenta que se trata de un hombre que intenta abusar. Te apartás, pero más se te apretuja; te aguantás y no decís nada. Hasta cuando te bajas, sentís miedo o asco por ese desconocido que se convierte en un trauma.

Lamentablemente, algunas mujeres hemos llegado a pensar que es “normal” o que “por nuestra culpa” somos víctimas de este tipo de abuso, y es que los acosadores aprovechan las unidades de transporte --sobre todo las rutas--, para ofendernos sexualmente.

En ocasiones tenemos que arrinconarnos para  no sentirnos incómodas.

Son comprensibles los roces cuando se aproxima la hora pico, pero eso no justifica la manera en que invaden nuestro espacio personal con tocamientos o roces abusivos en el transporte público. Deberían existir más unidades de transporte para que no haya este tipo de problema, que para nosotras es repudiable

Muchos opinan que esto se debe a que nos vestimos “muy provocativas”, pero tampoco es una justificación. Nunca será nuestra culpa, sino de quien acosa.

Los estereotipos hacia la mujer nicaragüense se convierten en otro método de violencia que nadie regula. El machismo asume el cuerpo de la mujer como un objeto público. El uso de imágenes sexistas contribuye a esta realidad, violentándola de forma implícita y posicionándola como un objeto.  

Si sos víctima de esta situación  ¿qué hacer? Buscá apoyo. Enfrentalo y manifestá tu voz. Exigí al chofer que lo baje del bus y denuncialo inmediatamente. Conversalo. Es importante que todas y todos sepan de lo ocurrido y hagan conciencia.  

Nos cuesta mucho denunciar porque nos da vergüenza, pero el asunto es exhibirlo a él. La vergüenza no tiene que ser de nosotras. Somos víctimas de irrespeto. Debemos evidenciar a esa persona para que todo mundo lo vuelva a ver y le reproche la conducta. Tenemos que lograr que haya más reproche social, de tal manera que los hombres no lo hagan.

Se debe trabajar en la educación y el respeto, para que se elimine este tipo de acoso, que para algunos simplemente son “exageraciones” de nosotras. 

 

 

 

blog comments powered by Disqus

Licencia: Creative Commons

Reconocimiento (BY) Conexiones UCA

Rotonda Rubén Darío 150 mts. al Oeste.

Managua, Nicaragua

Apartado 69

PBX: (505) 22783923 Ext. 1292

Info: info@conexiones.com.ni