Por la vida y la libertad de las mujeres

Por Marling Zúniga | Mar 06, 15

Opinión

En conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la prestigiosa feminista mexicana Marcela Lagarde, una de las más reconocidas de América Latina, brindó varias conferencias en el país, entre ellas, la del pasado 3 de marzo, en la que abordó la temática del rol de la mujer en la familia y la ciudadanía.

Lagarde, quien además es antropóloga, investigadora y académica, afirmó que cada persona tiene el derecho a constituir una familia, sin que esto implique una obligación, sino una opción.

Al crecer se nos dice que un día debemos formar nuestra propia familia, pero en la sociedad se plantea como si fuese inevitable. No se nos da la oportunidad de tener una forma de vida distinta, sino que debemos seguir un camino ya trazado. Un camino categórico que otros forjaron bajo ideologías, en las que se juzga, discrimina y excluye  a quienes no están de acuerdo con esa manera de vivir. Quien ha decidido perseguir sus sueños y dejar de lado la idea de formar su propia familia cómo meta principal en la vida, se encuentra con una sociedad intolerante que tratará a toda costa hacerle ver que está equivocado.

No existe solo un camino. Cada persona puede trazar el rumbo que desea seguir. Es muy común en nuestra sociedad el dicho: “La familia es primero” y alude a que por sobre todas las cosas está la familia. Es ley inquebrantable tener en primer lugar el bienestar familiar y luego el tuyo.

Existen muchos casos de violencia doméstica, dónde el ama de casa y los hijos no se atreven a hablar con los demás sobre los problemas familiares, para mantener la fachada de la “familia ideal”. También están las familias llenas de prejuicios, las que prefieren ocultar que la hija fue abusada sexualmente, por miedo al qué dirán, pues vivimos en una sociedad hipócrita y masoquista, que pone mascaras y quiere tener todo dominado, sin importarle pisotear los derechos y la libertad de los demás. 

Pero no porque creciste en una familia de “mártires” donde todos se sacrifican por los demás, y en donde los problemas los esconden debajo del tapete, significa que debemos seguir bajo esa misma línea.

Si bien es cierto todos vivimos bajo la lupa de la sociedad, son las mujeres quienes más se ven afectadas, obligadas a reprimir deseos, pensamientos y actitudes, privilegios exclusivos de los hombres, porque la sociedad así lo ha estipulado.

Estamos viviendo en una  sociedad que  juzga, y que ha dejado a las mujeres en un segundo plano y las ha sometido a una vida desigual, siempre por debajo de los hombres. Lagarde expresó que no solo se busca equidad, lo que se necesita es igualdad. Veámoslo de esta manera: El corazón de una mujer, no es diferente al de un hombre. Los deseos de superación de un hombre no son diferentes a los de una mujer, entonces exigimos que se nos trate como iguales, que se dejen de lado las diferencias y se acepte a cada quien tal y como es, por sobre todo que se cumplan y respeten los derechos de cada persona.

Se dice que vivimos en democracia, pero ¿dónde está el derecho de las mujeres a decidir lo que quieren? En la conferencia, Lagarde retomó la definición de democracia, propuesta en el siglo XX por María Zambrano, en su libro “Persona y democracia”, en cual  planteó que democracia es una sociedad donde no solo es permitido, sino exigido “ser persona”.

Según Lagarde,  ser persona es estar investido de Derechos Humanos. Por lo tanto, si unimos el pensamiento de ambas feministas podemos construir un concepto nuevo para la defensa de los derechos de las mujeres.

La mujer no sólo por ser mujer, sino como persona debe estar envuelta en Derechos Humanos, los cuales le permitan vivir en plena libertad de decidir lo mejor para ella. No como sucede actualmente, donde otros deciden por nosotras. Ejemplo: las relaciones interpersonales, en las cuales se tiene la aberrante idea de que somos propiedad de nuestra pareja.

Pero no solo los hombres son partícipes de este mal, sino también las mujeres quienes hemos vivido bajo este concepto del amor “dueño y señor”. Nos creemos poseedores de la vida de la otra persona y esto se evidencia más en la actitud de los hombres hacia las mujeres, pero ellas tampoco estas exentas de esta estereotipada forma de amor. Y es a raíz de ese concepto de amor, que se promueve la violencia y las violaciones a los derechos de la mujer.

Porque resulta que el amor es todopoderoso y por ese amor romántico las mujeres deben hacer cualquier cosa: como renunciar a sus sueños por vivir el de sus parejas, poner sobre sus necesidades las de los hombres, dejar de hacer lo que les gusta por complacerlos a ellos, procurar estar siempre lindas para mantenerlos a su lado, darles gracias porque hacen el favor de fijarse en las mujeres, llegar vírgenes al altar porque es el premio que se les da a ellos por casarse. ¿Y qué hacen los hombres en nombre del amor? Absolutamente nada.

Nos han enseñado cómo amar. Técnicamente la sociedad decide cómo debemos de sentir el amor y cómo debemos de vivirlo.

No caigamos en el juego del amor romántico. Aprendamos que el amor el libre, no pone restricciones ni necesita de sacrificios. Luchemos por el derecho y la libertad de decidir cómo, dónde, con quién y la forma en que queremos vivir.

 

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